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Un Pastorado Bíblico (pte 1)

Escuché hace bastante tiempo la historia de un niño, hijo de pastor, al que se le preguntaba –¿Qué hace tu papá? Y este respondió –Nada, es pastor.



Muchos falsos pastores y pastores verdaderos pero poco diligentes han contribuido a esta idea. Se suele pensar que el pastor es el hombre que trabaja un día a la semana: durante el sermón del domingo. ¡Esto es terrible! Yo soy pastor, y he cosechado lo que otros han sembrado, pero también estoy consciente por el Espíritu Santo que estoy sembrando lo que otros cosecharán; sea para bien o para mal. Dios me ayude.

Me siento lejos de ser el pastor que Dios demanda, pero mentiría si dijera que no hago lo necesario, porque la gracia de Dios ha sostenido fiel mi ministerio hasta ahora para Su propia gloria y el bien de Su iglesia. A Él gracias.

Soy testigo de los horarios ocasionalmente inflexibles, de las llamadas y visitas urgentes en las madrugadas, de los discipulados entre la semana, del agotamiento mental y creativo del trabajo homilético donde el Espíritu Santo parece reducir Su ayuda a diferencia de la exégesis; soy testigo de las lágrimas y la impotencia; de los gozos y las tristezas; del sacrificio de los propios derechos y de la generosidad de ciertos hermanos (hoy recibí una visita y una canasta mientras escribo esto); soy testigo de las bodas, pero también de los funerales; pero, sobre todo, soy testigo que cuando una congregación está siendo bíblicamente pastoreada, jamás sucumbirá ante las ideas populares acerca de los pastores.

Dicho esto, entremos en materia.


 

El Concepto básico del Ministerio pastoral

Una iglesia local puede estar conformada por miembros regulares, pastores y diáconos (Filipenses 1:1). Un miembro regular puede ser calificado y llamado por Dios a ser pastor o diácono, pero un pastor y un diácono no son “miembros regulares” sino “oficiales” de la iglesia (designados oficialmente a ejercer el ministerio del pastorado o diaconado). No se entienda esto como una forma de orgullo, sino como una distinción en su rol de gobierno de la iglesia Todos tenemos el mismo valor para Dios: la preciosa sangre de nuestro Señor Jesucristo. Cristo dio Su misma vida tanto por miembros ordinario como por los pastores y los diáconos.

Asimismo, un diácono no es un pastor, ni viceversa. Aunque ambos conforman el liderazgo bíblico, el pastor ejerce un gobierno directo mientras que el diácono ejerce un gobierno indirecto. El hecho de que la labor del pastor está más inclinada al cuidado espiritual de la congregación mientras que la del diácono se halla más hacia el cuidado físico, no significa que el diácono no pueda ser considerado para apoyar a su pastor en una labor espiritual (1 Timoteo 3:9). Tampoco significa que el pastor deba levantar jamás una escoba o apoyar en el suministro a las viudas, cosa que los primeros pastores hacían antes de ordenar al ministerio a los siete varones que llamaremos proto-diáconos (Hechos 6:2).

Existen bastantes asuntos que tratar sobre el malentendido general del diaconado en la iglesia local, pero eso es harina de otro costal. Sin embargo, quiero recordarle que ellos no darán cuentas a Dios de pastorear a la congregación porque sencillamente no es parte de su rol (Hebreos 13:17). También es necesario añadir como nota extra que, si bien es cierto, ellos no pastorean, no obstante ejercen un liderazgo indirecto. Ellos han de delegar tareas entre otros miembros regulares pues deben cumplir con los requisitos bíblicos que los capacita para bendecir también a otros con el servicio del Señor. Recuerde que para los sucesos en Hechos 6 la iglesia en Jerusalén ya contaba con más de cinco mil personas. Hechos 4:4; Hechos 5:14 y Hechos 6:1 nos muestra ese crecimiento de la iglesia. Desde luego que tan solo siete proto-diáconos no se darían abasto con semejante multitud. Por lo tanto, es obvio que estos varones delegarían tareas físicas con la autoridad de su cargo por comisión de los pastores.

Esto nos lleva al término de tan larga pero necesaria introducción. Solo los pastores pastorean la congregación. Ellos han recibido la comisión y capacidad por el Espíritu Santo para esto mismo (Hechos 20:28), no los diáconos. Los pastores se convierten en portavoces de la autoridad de Cristo para el gobierno de Su iglesia. No desde su propia autoridad, sino con la autoridad de Cristo.

Existen pastores legalistas que se enseñorean del rebaño conforme a sus opiniones y caprichos. Los hay, pero ese tema es otra historia, y ellos darán cuentas a Dios. Pero la Biblia nos dice claramente solo los pastores deben ejercer ese gobierno con autoridad y con responsabilidad (1 Pedro 5:1-4).

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